La hazaña
(Contra los puentes levadizos - 1966)
Después de todo es fácil recordar
basta con arrimarse al horizonte
basta con bostezar en plena euforia
alcanza con entrar en la agonía
es fácil recordar
se abren las manos
y se cierran
y en el puño vacío
está el juguete
están la cruz o el seno
que se desentendieron del presente
que quedaron atrás
que todavía
es fácil
basta con decir un nombre
basta con desandar cierta tristeza
alcanza con quebrar el odio ajeno
la gran proeza
la mejor hazaña
de la memoria
es olvidarlo todo.
El 17 de mayo del 2009 fallece Mario Benedetti tras 88 erráticos pero prolíficos años en este mundo. Buscando alguna manera de expresar el sentimiento causado por esta noticia, además de la clara necesidad de que su obra sea releída es de donde surge este blog.
domingo, 15 de junio de 2014
jueves, 12 de junio de 2014
Aquí se respira bien
Aquí se respira bien
(Montevideanos - 1949)
-¿Nos sentamos en éste? -pregunta el Viejo.
-Mejor aquél. Tiene más sombra.
Por más que nadie intenta arrebatárselo, Gustavo se cree obligado a correr para asegurarse el usufructo del banco. El padre llega después, sin apuro, con el saco en el brazo.
-Se respira bien en este rinconcito -dice, y para demostrarlo resopla ostensiblemente. Luego se acomoda, saca la tabaquera y arma un cigarrillo entre las piernas abiertas.
A las diez de la mañana de un miércoles, el Prado está tranquilo. Tranquilo y desierto. Hay momentos tan calmos que el ruido más cercano es el galope metálico de un tranvía de Millán. Luego un viento cordial hace cabecear dos pinos gemelos y arrastra algunas hojas sobre el césped soleado. Nada más.
-¿Cuándo empezás a trabajar? -Mañana.
El padre humedece la hojilla y sonríe para sí mismo, distraído.
-Si estuvieras siempre en casa... como estos días...
-¿Te gustaría estar con el Viejo, eh?
Gustavo recoge como un premio el tono de camaradería. Una bocanada de ternura lo obliga a decir algo, cualquier cosa.
-¿Qué hacés en la oficina?
-Y.. trabajo.
-Pero... ¿en qué trabajás?
-Informo expedientes, firmo resoluciones.
Por un instante, Gustavo imagina a su padre trepado en un alto pupitre, firmando resoluciones, informando expedientes, todos voluminosos como la Historia Sagrada. Pero en seguida acomoda la imagen en su modesta realidad.
-Entonces... ¿sos un jefe?
-Claro.
El muchacho se echa hacia atrás, con las manos en la cintura, recorriendo posesivamente el cinturón de elástico azul. A menudo el Viejo le trae regalitos. Siempre adivina cuál es la menudencia que él desea con máximo fervor.
-Cuando pase el examen de ingreso, podría entrar en tu oficina.
El padre ríe, complacido.
-Estás loco. A tu edad no se puede. Y además, yo quiero que estudies.
El Viejo mira los pinos gemelos y echa humo por la nariz. Gustavo sabe con absoluta precisión qué se espera de él.
-¿Qué materia te gusta más?
-Historia.
Mentira. Le gustan las cuentas. Pero confesarlo equivale a seguir arquitectura. 0 ingeniería, como le pasó al hermano del Tito.
-No hay ninguna carrera que se base en la historia.
-Por eso mismo... lo mejor será que me emplee en tu oficina.
El padre suelta una carcajada. Evidentemente está encantado con la maniobra.
-Así que historia, ¿eh ... ? Si no supiera que multiplicas y dividís como una maquinita...
Gustavo se pone colorado. No le hace gracia el elogio. Él quiere entrar en la oficina, colocarse junto al enorme pupitre del padre, alcanzarle los expedientes para que los autorice y pasar el secante sobre la firma,
-No te recomiendo la oficina -dice el Viejo, que después de muchas maniobras ha conseguido escupir una hebra de tabaco.
Al final del camino, hamacándose lentamente como un pato, ha aparecido un hombre de oscuro, un importuno.
-Mamá dijo una vez que no vale la pena estudiar.
-Tu madre, la pobre, está cansada y a veces no sabe lo que dice. -Pero...
-En cambio vos no estás cansado y a mí no me gusta oírte hablar así.
El padre se ha puesto serio y Gustavo se siente disminuido. El hombre-pato ahora está cerca y se ha detenido a observar una araucaria. -¿Y no podría ser... que estudiase... y además... trabajase contigo? -¿Y no podría ser -parodia deliberadamente el Viejo- que te quedaras tranquilo? Total... sólo tenemos ocho años más para pensarlo.
Gustavo sabe que, como siempre, el padre está en lo cierto. Tiene la sensación de que está representando el papel del tonto. Sin embargo, ahora también el padre sonríe, comprensivo. Sonríe con sus labios delgados y también con sus ojos grises, bondadosos.
El hombre-pato se ha detenido frente a ellos. -Hola -dice.
-Hola -dice el Viejo, que no lo había visto acercarse. -¿Así que éste es su chico? -Sí.
Evidentemente, el Viejo está molesto. El hombre-pato tiene ojos mezquinos. Le tiende a Gustavo su mano pegajosa.
-Mire qué casualidad encontrarlo aquí... ¿Está de licencia? -Sí.
-Yo tenía que cobrar unas cuentitas por Larrañaga, pero el sol está tan agradable, que me decidí a cruzar por este lado.
-Cierto, aquí se respira bien -comenta el Viejo, por decir algo.
También Gustavo está incómodo. Daría cualquier cosa para que el tipo se esfumase. Pero no, se ha establecido. Gustavo se fija en los detalles. Del bolsillo del saco le asoma un pañuelo que debiera ser blanco. El pantalón tiene sobre la rodilla un zurcido grosero y evidente.
-¿Y cuándo vuelve?
-Mañana.
-Bueno, entonces iré a verlo.
El padre se agita. Tira el cigarrillo y lo aplasta con el zapato. De pronto hace un gesto raro, como señalando al chico. Gustavo no entiende el ademán, pero comprende perfectamente que el padre está molesto. El tipo, en cambio, no ve nada.
-Tengo que llevarle un regalito... ¿eh... ? Para que camine aquella orden de pago...
Ahora el padre hace un gesto desesperado.
-Mañana hablamos. Mañana.
Gustavo siente que se le va la cabeza, pero tiene una horrible curiosidad. Una vez le había dado al pecoso Farías un rabioso puñetazo en la nariz, sólo porque había dicho: «Anoche en la cena, papá dijo que tu viejo es buena pieza. »
-Si no recuerdo mal, es un papelito de cien.... ¿qué le parece? -Mañana hablamos. Mañana.
Gustavo nota que el padre ha envejecido diez años. Se ha puesto otra vez el saco, ha juntado las piernas y está doblado hacia adelante.
Al fin, el tipo ha comprendido a medias.
-Bueno, me voy. Adiós amigo.
El Viejo no responde. Gustavo toca apenas la mano blanda y pegajosa. El hombre-pato se aleja, hamacándose lentamente, disfrutando del sol. Atrás, le cuelga el forro descosido del saco.
Sin hacer un gesto, el padre se levanta y empieza a caminar en dirección opuesta a la del tipo. Gustavo siente ahora en su mano la palma seca, rugosa, del Viejo. A veces, la madre le toma el pelo porque a él todavía le gusta que lo lleven de la mano.
Sin levantar la vista, el padre carraspeo, y el muchacho intuye que algo le va a ser explicado. Quisiera pedir a Dios que algo le sea explicado. -Mejor no le digas a tu madre que encontramos a éste...
-No -dice Gustavo.
Aún no sabe exactamente qué le está pasando. Por lo pronto, libera su mano, la mete en el bolsillo del pantalón y se muerde el labio hasta hacerlo sangrar.
(Montevideanos - 1949)
-¿Nos sentamos en éste? -pregunta el Viejo.
-Mejor aquél. Tiene más sombra.
Por más que nadie intenta arrebatárselo, Gustavo se cree obligado a correr para asegurarse el usufructo del banco. El padre llega después, sin apuro, con el saco en el brazo.
-Se respira bien en este rinconcito -dice, y para demostrarlo resopla ostensiblemente. Luego se acomoda, saca la tabaquera y arma un cigarrillo entre las piernas abiertas.
A las diez de la mañana de un miércoles, el Prado está tranquilo. Tranquilo y desierto. Hay momentos tan calmos que el ruido más cercano es el galope metálico de un tranvía de Millán. Luego un viento cordial hace cabecear dos pinos gemelos y arrastra algunas hojas sobre el césped soleado. Nada más.
-¿Cuándo empezás a trabajar? -Mañana.
El padre humedece la hojilla y sonríe para sí mismo, distraído.
-Si estuvieras siempre en casa... como estos días...
-¿Te gustaría estar con el Viejo, eh?
Gustavo recoge como un premio el tono de camaradería. Una bocanada de ternura lo obliga a decir algo, cualquier cosa.
-¿Qué hacés en la oficina?
-Y.. trabajo.
-Pero... ¿en qué trabajás?
-Informo expedientes, firmo resoluciones.
Por un instante, Gustavo imagina a su padre trepado en un alto pupitre, firmando resoluciones, informando expedientes, todos voluminosos como la Historia Sagrada. Pero en seguida acomoda la imagen en su modesta realidad.
-Entonces... ¿sos un jefe?
-Claro.
El muchacho se echa hacia atrás, con las manos en la cintura, recorriendo posesivamente el cinturón de elástico azul. A menudo el Viejo le trae regalitos. Siempre adivina cuál es la menudencia que él desea con máximo fervor.
-Cuando pase el examen de ingreso, podría entrar en tu oficina.
El padre ríe, complacido.
-Estás loco. A tu edad no se puede. Y además, yo quiero que estudies.
El Viejo mira los pinos gemelos y echa humo por la nariz. Gustavo sabe con absoluta precisión qué se espera de él.
-¿Qué materia te gusta más?
-Historia.
Mentira. Le gustan las cuentas. Pero confesarlo equivale a seguir arquitectura. 0 ingeniería, como le pasó al hermano del Tito.
-No hay ninguna carrera que se base en la historia.
-Por eso mismo... lo mejor será que me emplee en tu oficina.
El padre suelta una carcajada. Evidentemente está encantado con la maniobra.
-Así que historia, ¿eh ... ? Si no supiera que multiplicas y dividís como una maquinita...
Gustavo se pone colorado. No le hace gracia el elogio. Él quiere entrar en la oficina, colocarse junto al enorme pupitre del padre, alcanzarle los expedientes para que los autorice y pasar el secante sobre la firma,
-No te recomiendo la oficina -dice el Viejo, que después de muchas maniobras ha conseguido escupir una hebra de tabaco.
Al final del camino, hamacándose lentamente como un pato, ha aparecido un hombre de oscuro, un importuno.
-Mamá dijo una vez que no vale la pena estudiar.
-Tu madre, la pobre, está cansada y a veces no sabe lo que dice. -Pero...
-En cambio vos no estás cansado y a mí no me gusta oírte hablar así.
El padre se ha puesto serio y Gustavo se siente disminuido. El hombre-pato ahora está cerca y se ha detenido a observar una araucaria. -¿Y no podría ser... que estudiase... y además... trabajase contigo? -¿Y no podría ser -parodia deliberadamente el Viejo- que te quedaras tranquilo? Total... sólo tenemos ocho años más para pensarlo.
Gustavo sabe que, como siempre, el padre está en lo cierto. Tiene la sensación de que está representando el papel del tonto. Sin embargo, ahora también el padre sonríe, comprensivo. Sonríe con sus labios delgados y también con sus ojos grises, bondadosos.
El hombre-pato se ha detenido frente a ellos. -Hola -dice.
-Hola -dice el Viejo, que no lo había visto acercarse. -¿Así que éste es su chico? -Sí.
Evidentemente, el Viejo está molesto. El hombre-pato tiene ojos mezquinos. Le tiende a Gustavo su mano pegajosa.
-Mire qué casualidad encontrarlo aquí... ¿Está de licencia? -Sí.
-Yo tenía que cobrar unas cuentitas por Larrañaga, pero el sol está tan agradable, que me decidí a cruzar por este lado.
-Cierto, aquí se respira bien -comenta el Viejo, por decir algo.
También Gustavo está incómodo. Daría cualquier cosa para que el tipo se esfumase. Pero no, se ha establecido. Gustavo se fija en los detalles. Del bolsillo del saco le asoma un pañuelo que debiera ser blanco. El pantalón tiene sobre la rodilla un zurcido grosero y evidente.
-¿Y cuándo vuelve?
-Mañana.
-Bueno, entonces iré a verlo.
El padre se agita. Tira el cigarrillo y lo aplasta con el zapato. De pronto hace un gesto raro, como señalando al chico. Gustavo no entiende el ademán, pero comprende perfectamente que el padre está molesto. El tipo, en cambio, no ve nada.
-Tengo que llevarle un regalito... ¿eh... ? Para que camine aquella orden de pago...
Ahora el padre hace un gesto desesperado.
-Mañana hablamos. Mañana.
Gustavo siente que se le va la cabeza, pero tiene una horrible curiosidad. Una vez le había dado al pecoso Farías un rabioso puñetazo en la nariz, sólo porque había dicho: «Anoche en la cena, papá dijo que tu viejo es buena pieza. »
-Si no recuerdo mal, es un papelito de cien.... ¿qué le parece? -Mañana hablamos. Mañana.
Gustavo nota que el padre ha envejecido diez años. Se ha puesto otra vez el saco, ha juntado las piernas y está doblado hacia adelante.
Al fin, el tipo ha comprendido a medias.
-Bueno, me voy. Adiós amigo.
El Viejo no responde. Gustavo toca apenas la mano blanda y pegajosa. El hombre-pato se aleja, hamacándose lentamente, disfrutando del sol. Atrás, le cuelga el forro descosido del saco.
Sin hacer un gesto, el padre se levanta y empieza a caminar en dirección opuesta a la del tipo. Gustavo siente ahora en su mano la palma seca, rugosa, del Viejo. A veces, la madre le toma el pelo porque a él todavía le gusta que lo lleven de la mano.
Sin levantar la vista, el padre carraspeo, y el muchacho intuye que algo le va a ser explicado. Quisiera pedir a Dios que algo le sea explicado. -Mejor no le digas a tu madre que encontramos a éste...
-No -dice Gustavo.
Aún no sabe exactamente qué le está pasando. Por lo pronto, libera su mano, la mete en el bolsillo del pantalón y se muerde el labio hasta hacerlo sangrar.
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Cuento,
Montevideanos (1949)
miércoles, 11 de junio de 2014
Horóscopo
Horóscopo
(El mundo que respiro - 2001)
No olvides el pudor de la almohada
sólo así vencerás tu hipocondría
de paso irá mejor tu economía
y el tiempo correrá como si nada
si juegas te irá bien en la jugada
tu salud tendrá fibra y lozanía
el amor colmará tu fantasía
y el trabajo será cosa sagrada
el regocijo vencerá al letargo
todo irá viento en popa y sin embargo
aunque te encuentres guapo en el espejo
y disfrutes del beso y la palabra
habrá un minuto en que la noche se abra
y te despiertes pobre triste y viejo.
(El mundo que respiro - 2001)
No olvides el pudor de la almohada
sólo así vencerás tu hipocondría
de paso irá mejor tu economía
y el tiempo correrá como si nada
si juegas te irá bien en la jugada
tu salud tendrá fibra y lozanía
el amor colmará tu fantasía
y el trabajo será cosa sagrada
el regocijo vencerá al letargo
todo irá viento en popa y sin embargo
aunque te encuentres guapo en el espejo
y disfrutes del beso y la palabra
habrá un minuto en que la noche se abra
y te despiertes pobre triste y viejo.
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El mundo que respiro (2001),
Poesía
martes, 10 de junio de 2014
Morondanga
Morondanga
(Las soledades de Babel - 1991)
Tréboles
Como habitantes de un planeta ínfimo
templado por un sol de morondanga
no vamos a incurrir en el deliro
de creernos capataces del cielo
los millones de solos que nacemos
vivimos y morimos humillados
por el desdén de las galaxias
y desde el caracol de la soberbia
creamos dioses
semidioses
apóstatas
caciques
tendremos algún día que buscarnos
con la lupa del miedo
y al comprobar nuestra gastada
inevitable ausencia
optar por disolvernos sin pudor
en el vacío individual y cósmico
(Las soledades de Babel - 1991)
Tréboles
Como habitantes de un planeta ínfimo
templado por un sol de morondanga
no vamos a incurrir en el deliro
de creernos capataces del cielo
los millones de solos que nacemos
vivimos y morimos humillados
por el desdén de las galaxias
y desde el caracol de la soberbia
creamos dioses
semidioses
apóstatas
caciques
tendremos algún día que buscarnos
con la lupa del miedo
y al comprobar nuestra gastada
inevitable ausencia
optar por disolvernos sin pudor
en el vacío individual y cósmico
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Las soledades de Babel (1991),
Poesía
viernes, 6 de junio de 2014
Hombre que mira a otro hombre
Hombre que mira a otro hombre
(Poemas de otros - 1974)
Trece hombres que miran
Vos también estás asombrado
no querés admitir la salvación por el infierno
o acaso no podés creer que haya
cualesquiera hijos de vecino
que metan la vida prójima en el cepo
que un tipo pueda respirar
y buscar el amor
y faenar el tiempo
y besar a sus hijos
y decir oraciones
y hasta cantar bajito
después de haberse traicionado
corrompido
enmerdado
metiendo la vida prójima en el cepo
vos
como yo
estás asombrado
en realidad no hay fogata para ese humo
ni siquiera hay sed para ese cántaro
tal vez no haya pájaros para ese viento
para ese inmune no haya después
las venganzas yacen calmas y feroces
la paciencia se arruga de tanta espera
vos te preguntás donde está la cosecha
y sin embargo tu estupor intacto
demuestra por lo pronto que algo cosechaste
vos mirás como inmóvil y te miro mirar
somos dos conjeturas incómodas fraternas
no entendemos un pito de esta infame justicia
de esa fábrica de odios que propone el olvido
a lo mejor te vino la infancia en un destello
sentiste la sesera esa insensible
pensaste el corazón ese impensable
pero ni así te acostumbraste a esa saña piadosa
a esa masacre tan emputecida
así que no aflojaste ni un suspiro
y te seguiste asombrando te seguiste
yo te miro mirar como inmóvil
pero claro la cosa no se arregla
con miradas
ojeadas
o vistazos
qué tal si nos arremangamos vos y yo
(Poemas de otros - 1974)
Trece hombres que miran
Vos también estás asombrado
no querés admitir la salvación por el infierno
o acaso no podés creer que haya
cualesquiera hijos de vecino
que metan la vida prójima en el cepo
que un tipo pueda respirar
y buscar el amor
y faenar el tiempo
y besar a sus hijos
y decir oraciones
y hasta cantar bajito
después de haberse traicionado
corrompido
enmerdado
metiendo la vida prójima en el cepo
vos
como yo
estás asombrado
en realidad no hay fogata para ese humo
ni siquiera hay sed para ese cántaro
tal vez no haya pájaros para ese viento
para ese inmune no haya después
las venganzas yacen calmas y feroces
la paciencia se arruga de tanta espera
vos te preguntás donde está la cosecha
y sin embargo tu estupor intacto
demuestra por lo pronto que algo cosechaste
vos mirás como inmóvil y te miro mirar
somos dos conjeturas incómodas fraternas
no entendemos un pito de esta infame justicia
de esa fábrica de odios que propone el olvido
a lo mejor te vino la infancia en un destello
sentiste la sesera esa insensible
pensaste el corazón ese impensable
pero ni así te acostumbraste a esa saña piadosa
a esa masacre tan emputecida
así que no aflojaste ni un suspiro
y te seguiste asombrando te seguiste
yo te miro mirar como inmóvil
pero claro la cosa no se arregla
con miradas
ojeadas
o vistazos
qué tal si nos arremangamos vos y yo
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Poemas de otros (1974),
Poesía
sábado, 26 de abril de 2014
Hombre que mira su país desde el exilio
Hombre que mira su país desde el exilio
(Poemas de otros - 1974)
Trece hombres que miran
a fleur
País verde y herido
comarquita de veras
patria pobre
país ronco y vacío
tumba muchacha
sangre sobre sangre
país lejos y cerca
ocasión del verdugo
los mejores al cepo
país violín en bolsa
o silencio hospital
o pobre artigas
país estremecido
puño y letra
calabozo y praderas
país ya te armarás
pedazo por pedazo
pueblo mi pueblo
país que no te tengo
vida y muerte
cómo te necesito
país verde y herido
comarquita de veras
patria pobre
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Poemas de otros (1974),
Poesía
lunes, 21 de abril de 2014
Hombre que mira al tira que lo sigue
Hombre que mira al tira que lo sigue
(Poemas de otros - 1974)
Trece hombres que miran
Señor molusco caballero lapa
ya sabés en qué malos pasos ando
conocés mis esquinas y mis fobias
mis bares mis amores mi bufanda
conocés las puteadas que rezo despacito
cuando pasan los verdes apuntando
conocés cómo escupo al cielo ajeno
cuando me hace sombra el helicóptero
conocés bien a qué mujeres miro
y vos también mirás degenerado
es el único acuerdo entre nosotros
y dura lo que un lirio o una ráfaga
conocés qué porfiada dulzura me atraganta
cuando caen los mejores los más tiernos
los que podrían levantar de a poco
la feroz inocencia que nos salve
conocés que conozco que hay algunos
que cayeron por vos hijo de puta
quiero decir molusco pobre lapa
ya ves que andás en pasos mucho peores
conocés a qué juego y a qué apuesto
sabés que apuesto a que desaparezcas
no el fulano que sos sino el mohoso
herrumbrado tornillo de cadalso
me seguís por mis calles por mis tangos
por mis lluvias y mis noches de arena
vigilás mis gaviotas y mi cédula
mi casilla postal y mi resfrío
conocés mis abrazos y mis postres
mi bigote mi vino mi teléfono
mi libretita con las direcciones
mi mujer mi paraguas mis bolsillos
es decir que sabés todo de afuera
todo de superficie de exteriores
delatarás mi sobra y mi pellejo
y eso no alcanza para hacer la ficha
donde no podés ver donde no llegan
tus antenas en la aurícula izquierda
tengo mi berretín inexpugnable
a pruebas de derrotas y de olvido
allí el destino o no sé quién carajo
armó el amor y almacenó los odios
pero es ahí donde perdés la pista
es ahí donde vamos a joderte
señor molusco caballero lapa
(Poemas de otros - 1974)
Trece hombres que miran
Well, old spy
looks like I
led you down some pretty
blind alleys.
RAY DUREM
Señor molusco caballero lapa
ya sabés en qué malos pasos ando
conocés mis esquinas y mis fobias
mis bares mis amores mi bufanda
conocés las puteadas que rezo despacito
cuando pasan los verdes apuntando
conocés cómo escupo al cielo ajeno
cuando me hace sombra el helicóptero
conocés bien a qué mujeres miro
y vos también mirás degenerado
es el único acuerdo entre nosotros
y dura lo que un lirio o una ráfaga
conocés qué porfiada dulzura me atraganta
cuando caen los mejores los más tiernos
los que podrían levantar de a poco
la feroz inocencia que nos salve
conocés que conozco que hay algunos
que cayeron por vos hijo de puta
quiero decir molusco pobre lapa
ya ves que andás en pasos mucho peores
conocés a qué juego y a qué apuesto
sabés que apuesto a que desaparezcas
no el fulano que sos sino el mohoso
herrumbrado tornillo de cadalso
me seguís por mis calles por mis tangos
por mis lluvias y mis noches de arena
vigilás mis gaviotas y mi cédula
mi casilla postal y mi resfrío
conocés mis abrazos y mis postres
mi bigote mi vino mi teléfono
mi libretita con las direcciones
mi mujer mi paraguas mis bolsillos
es decir que sabés todo de afuera
todo de superficie de exteriores
delatarás mi sobra y mi pellejo
y eso no alcanza para hacer la ficha
donde no podés ver donde no llegan
tus antenas en la aurícula izquierda
tengo mi berretín inexpugnable
a pruebas de derrotas y de olvido
allí el destino o no sé quién carajo
armó el amor y almacenó los odios
pero es ahí donde perdés la pista
es ahí donde vamos a joderte
señor molusco caballero lapa
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Poemas de otros (1974),
Poesía
sábado, 5 de abril de 2014
Hombre que mira la tierra
Hombre que mira la luna
(Poemas de otros - 1974)
Trece hombres que miran
Es decir la miraba porque ella
se ocultó tras el biombo de nubes
y todo porque muchos amantes de este mundo
le dieron sutilmente el olivo
con su brillo reticente la luna
durante siglos consiguió transformar
el vientre amor en garufa cursilínea
la injusticia terrestre en dolor lapizlázuli
cuando los amantes ricos la miraban
desde sus tedios y sus pabellones
satelizaba de lo lindo y oía
que la luna era un fenómeno cultural
pero sí los amantes pobres la contemplaban
desde su ansiedad o desde sus hambrunas
entonces la menguante entornaba los ojos
porque tanta miseria no era para ella
hasta que una noche casualmente de luna
con murciélagos suaves con fantasmas y todo
esos amantes pobres se miraron y a dúo
dijeron no va más al carajo selene
se fueron a su cama de sábanas gastadas
con acre olor a sexo deslunado
su camanido de crujiente vaivén
y libres para siempre de la luna lunática
fornicaron al fin como dios manda
o mejor dicho como dios sugiere
(Poemas de otros - 1974)
Trece hombres que miran
Es decir la miraba porque ella
se ocultó tras el biombo de nubes
y todo porque muchos amantes de este mundo
le dieron sutilmente el olivo
con su brillo reticente la luna
durante siglos consiguió transformar
el vientre amor en garufa cursilínea
la injusticia terrestre en dolor lapizlázuli
cuando los amantes ricos la miraban
desde sus tedios y sus pabellones
satelizaba de lo lindo y oía
que la luna era un fenómeno cultural
pero sí los amantes pobres la contemplaban
desde su ansiedad o desde sus hambrunas
entonces la menguante entornaba los ojos
porque tanta miseria no era para ella
hasta que una noche casualmente de luna
con murciélagos suaves con fantasmas y todo
esos amantes pobres se miraron y a dúo
dijeron no va más al carajo selene
se fueron a su cama de sábanas gastadas
con acre olor a sexo deslunado
su camanido de crujiente vaivén
y libres para siempre de la luna lunática
fornicaron al fin como dios manda
o mejor dicho como dios sugiere
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Poemas de otros (1974),
Poesía
miércoles, 2 de abril de 2014
Hombre que mira un rostro en un álbum
Hombre que mira un rostro en un álbum
(Poemas de otros - 1974)
Trece hombres que miran
Hacía mucho que no encontraba a esta mujer
de la que conozco detalladamente el cuerpo
y creía conocer aproximadamente el alma
pasado no es presente
eso está claro
pero de cualquier manera hay conmemoraciones
que es bueno revivir
donde hubo fuego
caricias quedan
de pronto ella emerge del susurro evocante
y en voz alta sostiene
que los obreros entienden muy poco
que el pueblo en el fondo es más bien cobarde
que los jóvenes no van a cambiar el mundo
que la violencia bah
que la violencia ufa
que el confort lo alcanza quien lo busca
sólo entonces lo advierto
no me importa que hable en voz alta
mejor dicho no quiero que regrese al susurro
es apenas un rostro en un álbum
y ahora es fácil
dar vuelta la hoja
(Poemas de otros - 1974)
Trece hombres que miran
Hacía mucho que no encontraba a esta mujer
de la que conozco detalladamente el cuerpo
y creía conocer aproximadamente el alma
pasado no es presente
eso está claro
pero de cualquier manera hay conmemoraciones
que es bueno revivir
donde hubo fuego
caricias quedan
de pronto ella emerge del susurro evocante
y en voz alta sostiene
que los obreros entienden muy poco
que el pueblo en el fondo es más bien cobarde
que los jóvenes no van a cambiar el mundo
que la violencia bah
que la violencia ufa
que el confort lo alcanza quien lo busca
sólo entonces lo advierto
no me importa que hable en voz alta
mejor dicho no quiero que regrese al susurro
es apenas un rostro en un álbum
y ahora es fácil
dar vuelta la hoja
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Poemas de otros (1974),
Poesía
martes, 1 de abril de 2014
Hombre que mira más allá de sus narices
Hombre que mira más allá de sus narices
(Poemas de otros - 1974)
Trece hombres que miran
Hoy me despierto tosco y solitario
no tengo a nadie para dar mis quejas
nadie a quien echar mis culpas de quietud
sé que hoy me van a cerrar todas las puertas
que no llegará cierta carta que espero
que habrá malas noticias en los diarios
que la que quiero no pensará en mi
y lo que es muchísimo peor
que pensarán en mí los coroneles
que el mundo será un oscuro
paquete de angustias
que muchos otros aquí o en cualquier parte
se sentirán también toscos y solos
que el cielo se derrumbará
como un techo podrido
y hasta mi sombra
se burlará de mis confianzas
menos mal menos mal
que me conozco
menos mal que mañana
o a más tardar pasado
sé que despertaré alegre y solidario
con mi culpita bien lavada y planchada
y no solo se me abrirán las puertas
sino también las ventanas y las vidas
y la carta que espero llegará
y la leeré seis o siete veces
y las malas noticias de los diarios
no alcanzarán a cubrir la buenas nuevas
y la que quiero
pensará en mi hasta conmoverse
y lo que es muchísimo mejor
los coroneles me echarán al olvido
y no solo yo muchos otros también
se sentirán solidarios y alegres
y a nadie le importará
que el cielo se derrumbe
y más de uno dirá que ya era hora
y mi sombra empezará a mirarme con respeto
será buena
tan buena la jornada
que desde ya
mi soledad se espanta
(Poemas de otros - 1974)
Trece hombres que miran
Hoy me despierto tosco y solitario
no tengo a nadie para dar mis quejas
nadie a quien echar mis culpas de quietud
sé que hoy me van a cerrar todas las puertas
que no llegará cierta carta que espero
que habrá malas noticias en los diarios
que la que quiero no pensará en mi
y lo que es muchísimo peor
que pensarán en mí los coroneles
que el mundo será un oscuro
paquete de angustias
que muchos otros aquí o en cualquier parte
se sentirán también toscos y solos
que el cielo se derrumbará
como un techo podrido
y hasta mi sombra
se burlará de mis confianzas
menos mal menos mal
que me conozco
menos mal que mañana
o a más tardar pasado
sé que despertaré alegre y solidario
con mi culpita bien lavada y planchada
y no solo se me abrirán las puertas
sino también las ventanas y las vidas
y la carta que espero llegará
y la leeré seis o siete veces
y las malas noticias de los diarios
no alcanzarán a cubrir la buenas nuevas
y la que quiero
pensará en mi hasta conmoverse
y lo que es muchísimo mejor
los coroneles me echarán al olvido
y no solo yo muchos otros también
se sentirán solidarios y alegres
y a nadie le importará
que el cielo se derrumbe
y más de uno dirá que ya era hora
y mi sombra empezará a mirarme con respeto
será buena
tan buena la jornada
que desde ya
mi soledad se espanta
Etiquetas:
Poemas de otros (1974),
Poesía
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